Bienvenido a Vida Líquida, las aventuras de un antipático en una sociedad simpática. ¿Qué puedes perder?

4 de octubre de 2010

Epílogo

 

Con una larga y metódica conversación, yo y dos compañeros pasábamos a ser un equipo. En un parpadear cayeron todas las presiones de estar en el último paso a la profesionalidad capitalista: era momento de hacer la tesis.

 

Vida Líquida
Epílogo

 

Mis cosas en una maleta. Recorrí con la vista la pieza que fue mi hogar por varios meses y me sentí algo nostálgico.

Era un día martes y llovía levemente. Me sorprendía que todo lo que poseía entraba en una maleta pequeña. Todo menos el gato, era porfiado, no quería entrar.

Tomé las ollas y otras cosas, y las metí apenas en una bolsa. Lo más tiernamente empacado era mi notebook y todos sus accesorios. En serio, las niñas le compran ropa y autos y casas a sus muñecas, yo le compro mouse, enfriador, liquido limpia-LCD a mi notebook.

Miré con una sonrisa mi cuadro, bueno, el cuadro de Susana.

Luego del incidente que dio fin al último tomo, no hemos hablado mucho con Susana, más que para decidir si todo estaba bien entre nosotros.

Le dije que no había problema entre nosotros, pero mentí. Todavía estoy amurrado.

En cuadro se va sin bolsa ni nada, viaja en la mano.

Todas mis pertenencias en un rincón. Me senté junto a ellas. La casa estaba limpia; primera vez en meses.

Tomé mi celular y llamé a Christian; hace mucho tiempo que no lo llamaba. Hablamos de varias cosas, pero Christian se notaba desanimado. Supe que su hermano estaba empeorando, pero probablemente sea producto de los fuertes tratamientos que recibe. Nunca lo mencioné, pero su hermano sufre de cáncer. A veces pienso que mi vida es demasiado fácil.

Luego de esa llamada, que no me levantó el ánimo para nada, sonó una bocina afuera.

Mi tío llegaba a la hora acordada. Me ayudaría a transportar mis posesiones de vuelta a casa de mis padres. La expansión en casa de mis padres había terminado, y mi pieza estaba no sólo en buen estado, sino que expandida. Decidí volver a casa.

Vivir en esta casita solo me hizo extrañar mucho estar en casa con mis padres. Me hizo darme cuenta de que soy un hombre de familia, mucho más de lo que pensaba. Mi madre estaba casi eufórica cuando supo que volvía, y mi padre estaba feliz de que al fin tendría alguien en casa que pueda manejar el DVD.

Yo sólo quería la paz y tranquilidad que conlleva vivir como el hijo menor de una familia de clase media. La necesitaría para estos últimos meses de estudio.

cuando terminamos de poner todo en la camioneta de mi tío, partimos camino a casa; no sin antes despedirme del dueño del sitio. Le encomendé a mi perro; extrañamente, el dueño le había tomado cariño.

El perro no parecía muy triste de que me fuera de todas maneras…

En la camioneta con mi tío hablamos de cosas de trabajo. Continúo trabajando con él. De hecho, cada vez estoy más experto en la materia y cada vez me da tareas que requieren más habilidad y responsabilidad. Este trabajo de verdad me ha enseñado como ganarme el dinero, y ya era hora de que lo aprendiera.

Llegué a mi casa y fue como atravesar un portal al pasado. Todo volvía a ser como antes, como si mi estadía en casa de Christian fuese sólo un sueño.

 

Al otro día fui al instituto. Los informes y pruebas se apilaban en mi escritorio, y cada segundo era un segundo menos para hacer la monstruosa tesis que recién empezábamos a ser.

Al volver a casa, casi me dirijo de vuelta a casa de Christian, pero recordé que ya no era un hombre independiente.

De vuelta en casa de mis padres, estaba sentado en mi pieza color verde claro; color que elegí yo mismo.

Este color me traía un sentimiento de “todo estará bien”, y me encantaba estar aquí.

Mientras leía página tras página sobre la materia en mi tesis, miraba el resto de cosas que debía hacer.

Así, me senté un momento a descansar. Enlisté todas las cosas que hacía, y una por una las fui priorizando. Mi trabajo me da algo que hacer, se queda. Todo lo del instituto se queda. El 80% de los juegos en el notebook se van, quitan mucho tiempo. Y el blog…

 

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El blog termina. Llegué a la conclusión de dejar este blog en un descanso criogénico, y dar fecha de regreso sería jugar con el destino.

Fue una muy buena experiencia. Mejoró mi escritura y coherencia, además de hacerme sentir que no soy tan cerrado como pensé. De todas las cosas que tendré que dejar por este último camino a la independencia personal, este blog es lo que mas me duele.

Es una lástima, ¿no?

Supuse que sería mejor cortarlo ahora mismo en vez de demorar y demorar en sacar los posts, hasta que ya no postee más. Le agradezco a todos los que alguna vez cayeron por casualidad o no y leyeron uno que otro post.

Y más le agradezco a los que se quedaron conmigo todos los tomos, todos los domingos/lunes.

A ConfuZion por el diseño y sus comentarios, y a Daniela por sus comentarios e interés. Habían veces que sólo hacía el post por ustedes dos *guiño cursi*.

Como el villano de una película que quiere una secuela, no me iré. Tal vez algún día renazca de las cenizas y vuelva a postear, pero hasta entonces…

Nos veremos en otro post.

Adiós a todos, y no olviden que este rincón siempre estará aquí, en la esquina polvorienta del internet, pero estará aquí.

Escucharán de mi otra vez. Algún día.

 

 

 

Saludos.

 

 

-Fin del Blog-

4 comentarios:

Daniela dijo...

No puedo creerlo. Andy, me haces llorar justo en un período de mi vida en que todo me da pena :(
Pero por algo pasan las cosas, I guess...
Éxito en todo. Y al menos sigue visitando mi blog para saber que vives :(
Esto es cursilería extrema, pero voy a echar de menos el blog ;_;

Andy dijo...

Ah... También echaré de menos el blog...

Me siento tan adulto dejando de lado estas cosas por el estudio. Crezco tan rápido...

En fin, ¡por supuesto que seguiré leyendo blogs! Claro, tendré que acostumbrarme a comentar más...

Bueno, esto es un "hasta luego". Estoy seguro que por ahí nos leeremos una vez más.

Saludos, y ánimo, Daniela. Me da escalofríos imaginar a una mujer llorando; no sabría que hacer. Así que no llores. ¿Ves? Escalofríos...

Ahora, con permiso, a seguir en mi tesis. Lanzaría confeti al aire, pero se me acabó.

Santiago Franco dijo...

¿Debo tomar esto como una falta de respeto? ¿No se me mencionó en los comentarios o agradecimientos finales?

Bueno, ¿qué te puedo decir? La universidad nos consume (le llaman la depresión universitaria) y todos debemos dejar algo de lado para poder rendir de la manera que se debe.
Sin embargo, lamentable que nos prives de tus entretenidísimos post. Eran para mí, ¿cómo decirlo?, una salida de la rutina, de la seriedad letrada a la que me someto día a día en mi carrera.
Pero, como dicen por ahí, el camino de las personas que se dedican a escribir no es ancho, pero sí largo. Nos volveremos a leer, comentar y quién sabe qué. A lo mejor, hasta nos crucemos en la vida real y conversemos, sin saber quiénes somos. Solo dos personas dispuestas a comentar la cotidianeidad...


Eso es, estimado...
Suerte en los proyectos!

nicol dijo...

hola

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